Renacimiento nuclear? No, gracias… En Argentina menos, son hijos de las dictaduras y el fraude

 
Cada vez se oye con mayor frecuencia que una herramienta en la lucha contra el cambio climático será producir electricidad con energía nuclear.
Esta proclama es tramposa pues oculta problemas como el alza generalizada de costos de capital, la acumulación de desechos radiactivos, los problemas de seguridad y seguros, la proliferación de armas nucleares y los altos costos de desmantelamiento de los reactores.
El argumento principal de esta falacia es que, como la energía nuclear no quema carbón, constituye una solución para el calentamiento global. Sin embargo no toma en cuenta el ciclo del combustible nuclear.
Ignora los costos energéticos de la excavación, la molienda, el enriquecimiento y la transportación del uranio.
Nada dice sobre el forjado del acero para los recipientes presurizados, ni de la construcción y operación de enormes y complejas plantas.


Tampoco del manejo, el transporte, el reprocesamiento y el almacenamiento de los desechos.
Todas estas fases y operaciones asociadas a la industria nuclear consumen cantidades importantes de combustibles fósiles.
Resulta inevitable pensar, como en el caso de los biocombustibles, en la metáfora del caldo y las albóndigas.
Este otoño, en la Universidad de Standford, el Dr. Mark Z. Jacobson publicó su trabajo “Review of Global Warming Solutions” (Estudio de las Soluciones al Calentamiento Global) y comparó las emisiones de CO2 equivalente de las diferentes fuentes de energía.
El viento y la energía solar emiten de 3 a 11 gramos de CO2 por kilowatt-hora (kWh) de electricidad. La energía geotérmica y la energía solar convencional emiten entre 16 y 64 gramos.
La energía que producen las olas, las mareas y el agua, emiten de 34 a 71 gramos.
La electricidad nuclear, en cambio, emite de 68 a 180 gramos por kWh.
En el Reino Unido, un informe de la Royal Society en 2002 encontró que el almacenamiento apropiado de los desechos de ese país costará 139 mil millones de dólares.
De esta manera, almacenar los desechos nucleares en todo el mundo costaría más o menos $3 trillones de dólares, mucho más de lo que costó el rescate global bancario y automotriz de 2008, una deuda oculta en las cuentas de la industria nuclear.
La sociedad humana se enfrenta a una reducción inevitable en el uso de la energía.
Debemos tener claro que no hay ahora mismo ninguna alternativa creíble para reemplazar a los combustibles fósiles.
La fuente más importante de energía limpia en todo el mundo es la conservación, a costo cero con cero emisiones de gases de efecto invernadero.
La segunda fuente de energía más eficiente es la cogeneración, donde se recupera el calor de desecho que actualmente se envía a las chimeneas.
El secreto que nuestra civilización aún está por descubrir es que podemos mejorar la calidad real de vida con menos energía y menos volumen de producción.
Podemos llevar una vida más plena sin necesidad de excavar el planeta hasta matarlo y sin poner en riesgo a las generaciones futuras con nuestra basura tóxica.
Algo a integrar a nuestra vida diaria como ciudadanos y como consumidores.
Algo a considerar en nuestra movilidad y nuestra dieta.
A tomar en cuenta al reafirmar nuestro compromiso la salud.
La propia, la de los nuestros y la del planeta.

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