El corte contra Botnia cumple tres años, cada vez con menos apoyos

Ha perdido respaldo político y social, pero los asambleístas advierten que no se irán
En enero de 2006, más de 48.000 vehículos pasaron por la ruta 136, que conduce al puente internacional General San Martín, donde se unen esta ciudad y la uruguaya Fray Bentos. Antes de empezar el año siguiente, la ruta terminó convertida en una desértica cinta asfáltica: hace justo tres años, los asambleístas que protestan contra la pastera Botnia cerraron el paso internacional y no volvieron a abrirlo.


Desde el remoto paraje de Arroyo Verde, un puñado de manifestantes resiste en el lugar con la advertencia de que no se irán hasta que Botnia cierre. Y ni siquiera una creciente pérdida de apoyo popular y político ha flexibilizado la posición.
“El corte cumple tres años y nunca se debatió la posibilidad de levantarlo. Nunca ha habido mociones en ese sentido”, afirmó José Pouler, uno de los referentes del piquete entrerriano.
En Gualeguaychú no son pocos los que desmienten a Pouler y con insistencia afirman que quienes han propuesto flexibilizar la medida debieron abandonar la Asamblea.
“Existe disenso y el apoyo al corte no es monolítico. Lo que sí es unánime es la lucha contra el funcionamiento de la pastera”, dice la comerciante Mercedes Ruiz, una de las vecinas que motoriza el debate para levantar el corte de ruta.
Con el nombre de Vecinos Movilizados de Gualeguaychú, el grupo que integra Ruiz comenzó a poner en cuestión el piquete y logró reunirse con autoridades de los gobiernos local, provincial y nacional. “Lamentablemente -agregó a LA NACION-, la pastera está funcionando y el corte no ha conseguido su meta. Por eso planteamos un cambio de estrategia. El corte se ha transformado en un fin en sí mismo, con consecuencia negativa que pesa sobre los ciudadanos de Gualeguaychú.”
El intendente de la localidad entrerriana, Juan José Bahillo, se define partidario de “la legalidad” y aclara que eso significa su posición contraria a que el corte continúe. Sin embargo, cree que aún falta un debate de toda la sociedad que respalde esa postura.
No olvida Bahillo que hace tres años casi toda su ciudad llegó hasta Arroyo Verde y que la fotografía de un desconocido Alfredo De Angeli atravesando un tractor sobre la ruta 136 generó un fuerte impacto favorable a la lucha ambiental en todo Entre Ríos. “No es tan fácil ahora poner fin al corte sin debate y consenso”, aclaró.
El gobernador provincial, Sergio Urribarri, pareció disentir cuando insistió ayer en que el corte “se [iba] a levantar antes de Navidad”. Ya lo había dicho hace un año.

Menguante
Hoy la Asamblea Ciudadana Ambiental de Gualeguaychú reúne en sus encuentros semanales menos del diez por ciento del número que supo congregar hace tres años, cuando a los debates y votaciones iban varios centenares de personas por noche.
Hace un mes, en la asamblea en la que se decidió mantener cerrada la ruta durante la primera vuelta de las elecciones presidenciales de Uruguay, votaron sólo 42 personas a favor de esa postura. Desde la entidad, se evitó decir la cantidad de participantes que tuvo la asamblea y, en cambio, destacaron que el respaldo a la medida de no flexibilizar el corte para permitir el paso de uruguayos radicados en la Argentina el día de los comicios contó “con el 65 por ciento de los participantes”, aunque nunca se precisó la cifra de asambleístas.
Según datos municipales, el corte de ruta provocó 200 despidos directos y el alejamiento de 150 camiones diarios que hoy cruzan la frontera por otras alternativas viales, como el puente que une Colón y Paysandú o el que une Concordia con Salto.
Los Vecinos Movilizados de Gualeguaychú apuntan otras consecuencias sociales que se suman a las económicas. “La pérdida o falta de oportunidades laborales han tenido repercusiones sobre todos y cada uno de nosotros: familias que han tenido que trasladarse, deterioro de las condiciones de vida de quienes han permanecido, dificultad de contacto para familias localizadas en ambos países…”, enumeró Ruiz.
Durante estos días, el calor desprendía del pavimento un insinuado vapor ascendente que provocaba un bailoteo sobre el horizonte. Ese era todo el movimiento en una ruta internacional que unía dos ciudades de frontera.

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