Los refugiados del cambio climático

El número de desplazados puede ascender a millones en el futuro
El 25 de mayo, la casa de Abdus Sattar quedó sepultada bajo el agua. Ese día el ciclón Aila acabó con todas las pertenencias de su familia, incluida una pequeña tienda de la que vivían. Desde entonces, Abdus y su familia de nueve miembros viven en un cuarto de apenas cinco metros en un campo de refugiados a orillas del río Khulpatua, cerca del golfo de Bengala, en Bangladesh. Aquí, otras quinientas familias (unas 3.000 personas) se refugian en casas provisionales hasta que la zona en la que vivían y que quedó devastada esté en condiciones para volver.


Bangladesh ha sido siempre un área golpeada por los desastres naturales, debido sobre todo a su condición de delta natural, pero desde finales de los años noventa la frecuencia de los ciclones ha crecido con rapidez. El cambio climático ha aumentado el número y la violencia de los fenómenos naturales. Además, el deshielo de los glaciares del Himalaya y la subida del nivel del mar agravan las inundaciones.

Asentamientos provisionales
Ciclones como el Aila hacen que miles de personas pierdan sus casas y sus medios de vida (principalmente la cría de cangrejos y camarones) y se vean obligadas a vivir en asentamientos provisionales de condiciones precarias que no saben cuándo podrán abandonar. Algunos estudios señalan que en las próximas décadas un 20% de Bangladesh podría desaparecer bajo el agua si el cambio climático avanza al ritmo actual. El número de refugiados ascendería a millones.
En una de esas orillas anegadas por el agua trabaja Mundi Mohon. Mundi vivía con su esposa y sus tres hijos en una casa de madera, una construcción típica del país, pero endeble y frágil. El Aila hizo que el agua les llegara literalmente hasta el cuello. Su criadero de camarones también desapareció y la única opción de vida que tiene ahora se llama Cash for work (Efectivo por trabajo).
Este programa, que lleva a cabo la organización Action Aid Bangladesh y del que se benefician más de mil familias, proporciona a los afectados por los ciclones un sueldo de 150 takas al día (un euro y medio, aproximadamente, una cantidad media para los sueldos del país) por reconstruir la zona en la que vivían. Es la única forma de que las familias que han perdido su medio de vida ganen algo de dinero con el que mantenerse mientras reconstruyen sus hogares.

Hacer casas más fuertes
No obstante, el trabajo resulta frustrante: la reconstrucción constante de algo que desaparecerá con el próximo ciclón. “Lo que intentamos con las reconstrucciones es hacer las casas más fuertes y resistentes a los ciclones para que puedan aguantar a los que vengan”, afirma el responsable del proyecto de recuperación del ciclón Aila de Action Aid Bangladesh, Rofiqral Islam.
No parece haber muchas alternativas. Trasladar las comunidades a otro lugar es trabajo imposible, no hay espacio. Bangladesh es uno de los países más superpoblados del planeta, con 161 millones de habitantes.
Para reactivar la zona, las organizaciones no gubernamentales ayudan a la población a recuperar sus actividades productivas, especialmente los criaderos de cangrejos y camarones, que desde hace cientos de años son la principal fuente de ingresos de la población de la zona. Los criaderos se encuentran en las orillas de los deltas y, como las casas, también son susceptibles de ser nuevamente destruidos por próximos ciclones.
Apenas hay otros medios de vida. Aquí, en el sur de Bangladesh la actividad económica es muy limitada. Se trata de zonas rurales, de escaso desarrollo, donde la pesca ha sido siempre el principal medio de vida y donde buena parte de la población es analfabeta.
“Es complicado poner en marcha otras actividades económicas porque las condiciones son muy limitadas. La agricultura no prospera porque el agua que se adentra en la tierra es salada, lo que impide que crezca cualquier tipo de cultivo”, dice Islam.
Aysha no sabe con exactitud qué edad tiene. A ella el ciclón le cambió la vida. Hace dos años, un tigre de Bengala atacó a su marido mientras pescaba y lo mató. La dejó con dos hijas que mantener, una tarea difícil en Bangladesh para una mujer que está sola.
Salió adelante trabajando en un criadero de cangrejos. Apenas conseguía dinero para vivir, pero mantenía su casa. El ciclón Aila acabó con el criadero y tiró abajo su vivienda y Aysha se quedó sin nada.
“Pedí ayuda a la gente para poder vivir y trabajé para algunas familias”, cuenta con voz baja y cara triste. Los vecinos la ayudaron a reparar su casa, pero no pudieron hacer mucho. Aún así, Aysha tuvo que volver a la vivienda dañada con sus hijas después de refugiarse un tiempo en una casa cercana.

El sueño es criar cabras
Ahora trabaja para Cash for work, aunque en su cabeza Aysha le da vueltas a otras ideas. “Si alguien me ayudara con dinero me gustaría criar cabras y vivir de lo que den”, dice la bangladesí con las manos manchadas de barro mientras trabaja limpiando una de las zonas afectadas por el Aila.
Mientras, su hija mayor se ha ido a vivir con una familia para la que trabaja. Aysha la mandó porque ellos le aseguraron que se harían cargo de sus gastos.
“Dijeron que también se encargarían de su dote pero no estoy segura de qué pasará y si no es así no sé qué haré. Tampoco sé si podré seguir pagando la educación de la pequeña”

Anuncios

Un comentario en “Los refugiados del cambio climático”

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s