El Dakar como destructor de ecosistemas

Unas 250.000 personas presenciaron en el Obelisco de Buenos Aires la largada del Dakar Argentina-Chile; ambos países han aportado US$ 12.000.000 para que la prueba se dispute por segunda vez consecutiva en América latina; numerosas críticas por el impacto ambiental negativo de una carrera en la que desde 1979 se han registrado 54 muertos y se mudó de Africa por las amenazas del terrorismo.
Año nuevo en Buenos Aires. Los canales de TV recurren al Dakar Argentina-Chile 2010 hasta el cansancio. Desde pleno centro de la ciudad, muestran los cientos de autos, motos, cuatriciclos y camiones que han llegado por segunda vez a América Latina. Se calcula que 250.000 personas asistieron a la largada simbólica (la primera de las 14 etapas es Buenos Aires-Córdoba, de 684 kilómetros) y que 9.000 turistas eligieron Buenos Aires (gastarán unos 14.000.000 de dólares) por este motivo.


En la pantalla chica, se salta de los motores a los 800 heridos en la Argentina a causa de la pirotecnia (tres veces más que en Navidad) y al primer recién nacido del Año Nuevo porteño. Se llama Mateo. Su padre es bombero voluntario, pero no presenció el parto humanizado. Sí la abuela. La otra noticia es acerca del Venado de las Pampas, un animal en extinción. Hace un siglo había millones en Paraguay, Uruguay, Brasil, la Argentina; ahora, se cuentan apenas con los dedos de la mano.
El ser humano se lleva cada vez peor con la naturaleza. En Chile y la Argentina, el 60% de los nacimientos se realizan por cesárea en las clínicas privadas (la OMS recomienda que no superen el 15%). En Chile y la Argentina, se halla en peligro de extinción la chinchilla cordillerana, el roedor de los Andes. En Chile y la Argentina, vuelve a desembarcar el Dakar, con poderosos patrocinadores (el equipo Volkswagen tiene un presupuesto de 40.000.000 de euros); historias de mortales accidentes; peligro de impacto ambiental negativo; riesgo de atentados terroristas en una región que ya ha sufrido dos: a la Embajada de Israel en la Argentina, en 1992 (29 muertos y 242 heridos), y a la Asociación Mutual Israelita Argentina, en 1994 (85 muertos y más de 300 heridos).

Hasta el propio Thierry Sabine
“La gran preocupación africana era la amenaza del terrorismo internacional en Mauritania —admitió Leonardo Boto, coordinador argentino del Dakar, al explicar por qué la carrera se mudó de Africa a América Latina—. El tema de seguridad que más nos compete es proteger al público del Dakar y al Dakar de la gente.” Unos 3500 policías, gendarmes, voluntarios trabajarán a lo largo de los 9000 kilómetros.
De 1979 a 2009 hubo 54 muertos en el Dakar. Participantes o espectadores. El primero, en 1979, en Nigeria. En 1986 hubo siete fallecidos, entre ellos el creador del Dakar, el francés Thierry Sabine, quien perdió la vida, junto a cuatro personas, cuando su helicóptero se estrelló en Mali. En 2007, tras la muerte del piloto sudafricano Elmer Symons, el diario del Vaticano, L’Osservatore Romano, publicó: “Es una cruenta carrera de la irresponsabilidad. El rastro de sangre que se amplia de año en año pone de relieve el innegable componente de violencia que contiene”.
Las tragedias parecen no desalentar a los políticos. En la página de la Embajada Argentina en Paraguay se lee: “La realización del Dakar significa escalar el Aconcagua. Nos permite sumar una herramienta para alcanzar nuestro objetivo de convertir a Argentina en un país turístico y competitivo, reconocido por la diversidad de sus paisajes y la calidad de sus servicios”. Mauricio Macri, ex presidente del Club Boca Juniors de fútbol y jefe de gobierno de Buenos Aires, dice: “Es llamativo que en vez de Rally París-Dakar se diga el Rally Argentina-Chile. Vamos a hacer la mejor puesta en escena, porque queremos que todo el mundo sepa lo linda que es nuestra ciudad y lo maravilloso que es nuestro país”.

El silencio ancestral
Cada vez más ONG se oponen al Dakar, aunque los gobiernos de Chile y la Argentina hayan aportado US$ 12.000.000 para recibirlo. En la Argentina, la Fundación para la Defensa del Ambiente (Funam) intimó al Gobierno a “explicar el aporte nacional de US$ 6.000.000 a los organizadores (Amaury Sports, de Francia, y Organización Dakar SA, de la Argentina)”. Funam recurrirá a la Justicia para que se investigue al director del Dakar, el francés Etienne Lavigne. “Es inmoral que se entregue ese dinero en un país donde hay necesidades urgentes y la mortalidad infantil duplica la de Chile y Costa Rica —declara Raúl Montenegro, presidente de Funam—. Estas empresas vienen a hacer negocios a costa de un ambiente desprotegido. ¿Por qué no lo intentan en el Cañón del Colorado o los Grandes Lagos?”
Ya en 2008, cuando el Dakar se corrió por primera vez fuera de Africa, Luis Mariano Rendón, de Acción Ecológica de Chile, manifestaba: “En la época en que el cambio climático amenaza la supervivencia, resulta aberrante que las autoridades estén apoyando esta prueba, un pretexto para que los fabricantes de coches exhiban sus vehículos devoradores de petróleo”. Según del Consejo de Monumentos Nacionales, el Dakar destruyó en 2008 seis sitios arqueológicos. La Organización Sociedad Uruguaya lo calificó como “evento avasallante, degradador y absurdo”.
Por lo pronto, el gobernador de la ciudad argentina de Mendoza ya firmó un decreto para otorgar $ 1.000.000 a Organización Dakar SA, si bien Ecologistas en Acción de España pidió la suspensión de la prueba: “Por el severo impacto ambiental, directo e indirecto”. El argentino Andrés Dimitriu, de la Universidad Nacional del Comahue, ironiza: “Es un lucrativo y caprichoso rezago colonial que usa el valor simbólico de la Patagonia. Por las dudas: llenar las calles de París y otras capitales europeas con bosta de camello por una semana sería, comparativamente, tierno, barato, ecológico, instructivo y una fiesta para todos”.
Más poética, no menos crítica, es la escritora chilena María London: “El silencio ancestral será interrumpido. Atacama, la grande, serás violada. Se dirá, como siempre, que se hace en el interés de los hambrientos, pero no seamos ingenuos. En Chile no existe tradición de defensa de la ecología, y no sé si es más fácil en Argentina. Y no es aportando este regalo contaminante que Francia podrá luego dar lecciones de respeto de la naturaleza y de desarrollo sustentable, allí donde se envenena a los cisnes de cuello negro, donde se transforma los maravillosos bosques nativos en chips para las fábricas japonesas, allí donde los descendientes de los antiguos conquistadores aún no aprenden que la tierra es sagrada”.

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