Una quema al lado de los pingüinos. Che muchachos no calienten mas el ambiente

La denuncia la formularon dos maestros de la escuela de la Base Esperanza, que tomaron fotos como prueba. La contaminación ambiental está severamente prohibida por el Tratado Antártico. Según dice el Ejército, el jefe de la base ya fue sancionado.
La denuncia de un matrimonio de maestros de escuela de la base antártica Esperanza, a cargo del Ejército Argentino, permitió limitar un acto de contaminación ambiental –quema de residuos a cielo abierto– reñido con las normas del Tratado Antártico, y abrió el camino para investigar una serie de raras situaciones.

Una de ellas sería que, por demora en la construcción de la nueva escuela –inaugurada formalmente el año pasado por la presidenta de la Nación–, su techo, a medio hacer, fue destruido por una tormenta, y sus restos habrían pasado a formar parte de los residuos ilegalmente quemados. Además, las familias residentes en esa base estarían siendo alimentadas con productos vencidos. Otro caso notable tuvo como protagonistas a más de mil pollos congelados: por una falla en la cámara frigorífica, se descompusieron; los pollos podridos habrían sido enterrados en la proximidad de la base del Uruguay, que estaba temporariamente desocupada. En cuanto a la quema de residuos, la Dirección Nacional del Antártico transmitió la denuncia de los maestros al Ejército, que sancionó al responsable de la base.
En noviembre del año pasado, Mariela Barrios y Alejandro Veuthey –matrimonio de maestros fueguinos a cargo de la Escuela Nº 38 de la provincia de Tierra del Fuego, situada en la base antártica Esperanza– denunció ante la Dirección Nacional del Antártico “la quema de residuos a cielo abierto, en contradicción con el Protocolo sobre Protección del Medio Ambiente anexo al Tratado Antártico”. La denuncia fue respaldada por fotografías realizadas por ellos: “Se quemaban al aire libre distintos materiales, incluso poliuretano, plásticos, cables y aerosoles en desuso”, precisó a este diario Alejandro Veuthey. Según el Protocolo, los residuos deben ser retirados de la Antártida en tambores sellados; sólo ciertos residuos orgánicos pueden ser incinerados, pero no al aire libre sino en incineradores especiales.
“Para colmo, el lugar donde se los quemaba estaba a menos de 50 metros de una de las pingüineras más grandes de la zona, donde van a tener sus crías varios miles de pingüinos Adelia”, agregó Veuthey, y comentó que “todos veían que se quemaba basura pero nadie hacía nada. Es que nosotros éramos los únicos civiles de la base. Los demás eran todos militares y sus esposas, ellos se manejan por órdenes. Llegó un momento en que quemaban la basura cuando nosotros dábamos clase ‘para que no se enteren los maestros’, pero nos enterábamos igual”. La base cuenta con un incinerador que supuestamente cumple las normas del Protocolo. “Tal vez no lo usaban para ahorrar combustible”, hipotetiza el maestro.
Según su colega y esposa Mariela Barrios, entre los residuos quemados al aire libre se hallaban “la mayor parte del plástico y la espuma de poliuretano del techo del nuevo local de la escuela”, que se inauguró el 2 de marzo de 2009 en presencia de la presidenta de la Nación, Cristina Fernández. “Los materiales fueron dispuestos por la provincia de Tierra del Fuego y la construcción debía ser efectuada por el Ejército: pero, después de la inauguración oficial, se demoraron en terminar la obra y a mediados de año, con vientos de 250 kilómetros por hora, la mitad del techo se vino abajo. La escuela todavía tiene un techo provisorio, de chapa”, contó la maestra.
Luego de la denuncia ante la Dirección Nacional del Antártico (ver recuadro), las quemas al aire libre cesaron. “Volvieron a usar el incinerador y limpiaron el sector donde hacían las quemas: claro que en el suelo quedó un gran manchón que sigue demostrando lo que hacían”, señaló Veuthey.
Pero habría más: “En el invierno pasado se quemó el motor de una cámara frigorífica con más de 1000 pollos congelados: quizás se podrían haber conservado haciendo un pozo en el hielo antártico, pero cuando se dieron cuenta ya era tarde. Entonces los juntaron y los enterraron en las cercanías de la base antártica uruguaya, que en esa época del año está cerrada”, según Barrios.
Otro destino indebido para la basura antártica habría sido el estómago de los residentes: “El año pasado, nosotros y todos los que vivíamos en la base consumimos alimentos vencidos –denuncia la maestra–: leche en polvo, galletitas, alfajores, café, yerba elaborados en 2007. Eran productos remanentes de años anteriores, que debían haberse devuelto para su destrucción”.
Barrios y Veuthey fueron seleccionados de entre siete matrimonios de maestros fueguinos para ejercer durante 2009 en la base Esperanza, a cargo del Comando Antártico del Ejército Argentino, mediante un procedimiento que incluye una experiencia previa de varios días de convivencia con los alumnos y sus familias

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