La libertad es la divina locura y nuestra misión de vida

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Por Lisette *.-Caminamos por la vida siempre en pos de la libertad. Muchos en algún momento hemos asegurado ser libres. Otros más osados no solo aseguran serlo, sino que viven en una constante lucha contra el mundo y contra sí mismos por mantenerla. Pero somos unos farsantes. Quien es realmente libre no se llena la boca con ella, pues no tiene tiempo para pregonar su privilegio, está absorto en la entrega.

 Ciertamente, somos espíritus libres encerrados en cuerpos con mentes limitadas. El reto está en vencer esas limitaciones y permitir a nuestro espíritu expandirse y llegar a donde tiene que llegar.
 Puede ser que hallamos alcanzado ser independientes. No depender de nadie, no ser subyugados por nadie, nadie nos marca el camino, somos autónomos para decidir. Pero seguimos siendo esclavos de nosotros mismos. Aún los miedos nos acompañan y paralizan. Todos tememos a algo, y ese temor es quien mantiene firmes los barrotes de nuestra propia prisión interior. Solo derrumbando esos barrotes, venciendo los miedos, podremos ser realmente libres.
 La libertad es una condición inherente al ser humano, no depende del exterior, solo depende de nuestra intención, de nuestra fortaleza.
 Somos libres cuando nos permitimos sentir, cuando abrimos las compuertas del corazón y dejamos entrar y salir amor, odio, alegría y tristeza aceptándolas como emociones naturales, que nos diferencian. Cuando nos conmovemos con la ternura, nos extasiamos con la belleza, nos deprimimos con lo sórdido. Cuando aceptamos una a una nuestras emociones y las sentimos, las vivimos y les damos su justo respeto.
 

 

Somos libres cuando nos permitimos expresar todo eso que sentimos, cuando además de sentir el amor en el alma podemos decirlo con palabras sin miedo a encadenarnos, sin miedo a herir o ser heridos; cuando las lágrimas surcan el rostro conmovidas, felices o desgarradas sin importar las normas sociales… Los hombres si lloran!! Cuando podemos expresar disgusto, exigir lo que nos corresponde. Cuando podemos dialogar desde el alma.
Somos libres cuando nos permitimos pensar, analizar, filosofar, investigar, concluir, teorizar, bajo nuestra propia perspectiva, sin manipulación e influencia externa. El pensamiento en sintonía con nuestra realidad y nuestra verdad. Nuestra conciencia. Cuando desarrollamos criterios propios y puntos de vistas personales.
Somos libres cuando nos permitimos hacer lo que deseamos sin limitaciones morales, económicas, emocionales. Caminar descalzos, jugar con un niño, cantar, caminar bajo la lluvia, viajar, ir donde los pies señalen, hacer lo que el alma pide sin miedo a los ojos de la sociedad. Esos pequeños detalles son el alimento del alma.
Somos libres solo cuando nuestro sentir, decir, hacer y pensar adquieren coherencia, se hacen uno. En ese momento podremos decir Somos Libres. Para ser libres hay que romper los paradigmas, hay que ser diferentes, hay que retornar a la raíz, hay que volver a la tierra, retornar a la Pachamama, descubrir nuestra individualidad y entregarla al universo. Pues finalmente esa libertad no es para vivirla en egoismo, es para ser contagiada, es para ser compartida, es para sanar a quienes nos rodean.
La libertad es la divina locura y nuestra misión de vida

 

 

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