Sierra Pintada: mina de uranio que genera conflictos

Está en San Rafael y fue explotada durante dos décadas por la CNEA. El valor actual del mineral empuja a la Nación a plantear su reapertura y la Provincia aceptaría. Pero hay resistencia.
El Gobierno provincial no lo oculta. Una vez más hay interés de la Nación por reabrir la mina de uranio Sierra Pintada, que queda en San Rafael y que fue explotada por la Comisión Nacional de Energía Atómica desde 1975 hasta 1995.
Con ese cierre, se abrió un conflicto que lleva 17 años sin resolución debido a la presencia de residuos contaminantes que aún no fueron saneados. El rechazo que genera ese emprendimiento quedó en evidencia ayer en Alvear, con  la manifestación de ambientalistas que reclamó al gobernador, Francisco Pérez, que no vuelva a funcionar.
La CNEA empezó a operar Sierra Pintada en 1975 y, según se calcula, hubo una extracción de 1.600 toneladas de uranio (1.000 en San Rafael y 600 en Malargüe, donde quedó la mayoría de los residuos). Pero 20 años después cerró. Esa decisión se debió básicamente a  que era más barato importar uranio que producirlo en la Argentina: era la época de la convertibilidad menemista y además el precio del mineral a nivel internacional estaba bajo. Pero la CNEA dejó residuos sin el tratamiento necesario para evitar la contaminación de la zona: 1.000 toneladas de desechos sólidos enterrados en 5.320 tambores y 1.700.000 colas de uranio.
En 2003, con otro marco político-económico, el organismo nacional anunció su intención de extraer nuevamente uranio y como requiere de la venia de la Provincia para hacerlo, le presentó al por entonces gobernador radical Julio Cobos una evaluación de impacto ambiental  avalada por la Universidad Tecnológica de Avellaneda.
Pero el Gobierno  rechazó la posibilidad de reabrir la mina. A través de una resolución firmada por el ex ministro de Ambiente y Obras Públicas Francisco Morandini se estableció que la CNEA debía resolver antes la situación de los residuos si pretendía extraer otra vez uranio. Además, puso condiciones a la evaluación presentada: debía estar bajo el régimen legal provincial.
Más allá de las decisiones gubernamentales, ante la presencia de las colas de uranio en el Sur y las denuncias crecientes de contaminación, se gestó en los últimos diez años la multisectorial del Sur por un Desarrollo Sustentable (que reúne a casi 40 entidades de distinta índole del departamento) que  comenzó con una intensa lucha que incluyó una pelea judicial. Fue así que la organización se presentó ante el Juzgado Federal de San Rafael y consiguió en 2005 una medida cautelar que impedía la actividad en Sierra Pintada.
Esa presentación tuvo muchas idas y vueltas, pero finalmente la Corte Suprema de Justicia de la Nación frenó la reapertura de la mina en un fallo de diciembre de 2010. Los jueces supremos advirtieron que, para poder reiniciar la explotación, la CNEA debe remediar los pasivos ambientales, pero aunque puso un límite a la actividad, obvió plazos para ese tratamiento (ver aparte). Paralelamente, se convocó a una audiencia pública para la remediación de los pasivos, que fracasó varias veces.
La tarea de saneamiento comenzó pero aún no está terminada y hay quejas de distintos sectores sociales por falta de información de la Nación respecto del estado de avance. En las últimos meses, con el precio del uranio en alza y la decisión expresa de la Nación de impulsar extracciones mineras, la reactivación de Sierra Pintada volvió a ser una posibilidad cierta. El Gobierno nacional está ilusionado en transformarse en uno de los principales exportadores de uranio del mundo y en ese sentido, la mina sanrafaelina es clave. Por eso, el Ejecutivo provincial está planeando distintas formas de retomar la extracción uranífera en el Sur.
Entre ellas, la de hacerla pasar como “combustible”, en el marco de la empresa provincial de energía, que impulsa el oficialismo y aún no consigue aún el aval del Senado. Pero esa posibilidad ya trajo voces en contra, especialmente por la sospecha latente de que el Gobierno estaría tratando de obviar el cumplimiento de la ley 7.722 que en 2007 prohibió el uso de sustancias contaminantes en la minería.

No a la mina
“Pérez quiere reabrir la mina de Sierra Pintada obviando la ley 7.722 que prohíbe el uso de sustancias químicas como cianuro, mercurio, ácido sulfúrico, y otras sustancias tóxicas similares en los procesos mineros metalíferos. En la extracción del uranio se utiliza el ácido sulfúrico, no existen muchas vueltas semánticas que se le puedan dar a la cuestión de Sierra Pintada”, explicó el diputado nacional por la UCR Enrique Vaquié.
En esa línea, la diputada nacional radical Mariana Juri confirmó que esta semana intentará el tratamiento de dos proyectos en el Congreso Nacional. “Uno es para exigirle a la CNEA que remedie los pasivos en todo el país y otro para que no reinicie ninguna explotación uranífera si no remedia esos pasivos”, sostuvo la legisladora.
Hace diez días, la CNEA confirmó que se detectaron filtraciones en uno de los diques de remediación de Sierra Pintada, lo que alertó más a la población. En ese sentido, Eduardo Sosa, el  titular de Oikos Red Ambiental que trabajó en el tema en sintonía con la Multisectorial, aseveró: “Que la sociedad se haya enterado de una fuga de residuos peligrosos por los medios de comunicación habla claramente de todo lo que tenemos que trabajar antes de pensar en la reapertura de la mina de uranio. La historia de la industria nuclear se ha construido en base al secreto y esta situación no puede volver a ocurrir”.
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