Urnas o armas: democracia y dominio mundial

James Petras
Rebelión
Traducido para Rebelión por Paco Muñoz de Bustillo
Introducción
La principal razón por la que Washington se empeña en guerras, sanciones y operaciones clandestinas para asegurar su poder en el exterior es que sus clientes no consiguen ganar en elecciones libres.

Un breve repaso a resultados electorales recientes muestra el escaso atractivo que tienen para sus votantes los partidos apoyados por Washington. La mayoría de los electorados democráticos rechazan a los candidatos y partidos que apoyan la agenda global estadounidense: políticas económicas neoliberales; una política exterior muy militarizada; la colonización y anexión israelí de Palestina; concentración de la riqueza en el sector financiero; y escalada militar contra Rusia y China. Mientras la política de EE.UU. intenta volver a imponer el saqueo y el dominio de la década de los noventa mediante regímenes clientelares reciclados, los electorados democráticos desean avanzar mediante gobiernos menos belicosos y más inclusivos que restauren los derechos laborales y sociales.

Estados Unidos pretende imponer el mundo unipolar de la era Bush padre y Clinton y se muestra incapaz de reconocer los enormes cambios que ha experimentado la economía mundial, entre otros el ascenso de China y Rusia como potencias, la aparición de los países BRIC (Brasil, Rusia, India y China) y otras organizaciones regionales y, sobre todo, el aumento de la conciencia democrática de los pueblos.

Al no poder convencer a los votantes mediante la razón o la manipulación, Washington ha optado por intervenir mediante la fuerza y financiar a organizaciones que subviertan el proceso electoral. La facilidad con que la política exterior de EE.UU. recurre a las armas y la coacción económica cuando no consigue el “resultado apropiado” mediante las urnas muestra su naturaleza profundamente reaccionaria. Reaccionaria tanto en sus fines como en los medios utilizados para conseguirlos. En la práctica, las políticas socioeconómicas imperiales aumentan las desigualdades y reducen el nivel de vida. Los medios para conseguir el poder, los instrumentos de esas políticas, que incluyen guerras, intervención y operaciones encubiertas, son similares a los de los regímenes extremistas y cuasi-fascistas de extrema derecha.

Elecciones libres y rechazo a los clientes de EE.UU.

Los partidos y candidatos apoyados por Estados Unidos han sufrido derrotas en todo el mundo, a pesar del generoso apoyo financiero y de las campañas de propaganda de los medios de comunicación de masas internacionales. Lo más sorprendente de estas derrotas electorales es que la inmensa mayoría de los adversarios no son anticapitalistas ni “socialistas” y que todos los clientes de EE.UU. son partidos y líderes de derecha o extrema derecha. Es decir, que el enfrentamiento se suele producir entre partidos de centro-izquierda y de derecha; lo que está en juego es reforma o reacción, una política exterior independiente o satelital.

Washington en Latinoamérica: Fracaso tras fracaso

En la última década, Washington respaldó a todos los candidatos neoliberales que fueron derrotados en América Latina y posteriormente intentó subvertir los resultados democráticos.

Bolivia

Desde 2005, Evo Morales, el dirigente de centro izquierda partidario de reformas sociales y una política exterior independiente, ha ganado tres elecciones presidenciales contra partidos de derecha apoyados por EE.UU., cada vez con un margen mayor. En 2008, expulsó al embajador estadounidense y a la DEA por intervenir en la política interna del país; en 2013 hizo lo mismo con la agencia de desarrollo USAID y la misión militar estadounidense, que habían apoyado un golpe de Estado fallido en el departamento de Santa Cruz.

Venezuela

A lo largo de los últimos quince años, el Partido Socialista Unificado de Venezuela (PSUV) y su predecesor han ganado todas las elecciones presidenciales y legislativas (excepto una), a pesar de las ayudas financieras valoradas en miles de millones de dólares de EE.UU. a los partidos opositores neoliberales. Incapaz de derrotar al gobierno de reformas radicales encabezado por Chávez, Washington respaldó un violento golpe de Estado (2002), un paro patronal (2002-03) y una serie de ataques paramilitares a líderes y activistas pro-democracia a lo largo de diez años.

Ecuador

Estados Unidos se ha opuesto al gobierno de centro-izquierda de Rafael Correa por expulsarle de su base militar de Manta, renegociar y rechazar el pago de parte de su deuda externa y apoyar pactos regionales que excluyen a EE.UU. Por estos motivos, Washington apoyó el golpe de Estado encabezado por la policía en 2010 que fue rápidamente derrotado.

Honduras

Durante el gobierno democráticamente elegido de Manuel Zelaya, de centro-izquierda, Honduras intentó estrechar sus relaciones con Venezuela para conseguir mayores ayudas económicas y acabar con su reputación de república bananera controlada por Estados Unidos. Washington fue incapaz de derrotarlo en las urnas y respondió apoyando un golpe militar (2009) que derrocó a Zelaya y puso de nuevo al país bajo el control estadounidense. Desde entonces, Honduras es tristemente el país latinoamericano que ha sufrido más asesinatos de líderes populares (200).

Brasil

El Partido de los Trabajadores ha ganado cuatro elecciones directas frente a los candidatos neoliberales apoyados por Washington, desde 2002 hasta las recientemente celebradas en 2014. La maquinaria de propaganda de EE.UU. -incluyendo el espionaje de la NSA a la presidenta Dilma Rousseff y a la compañía estatal de petróleo, Petrobras- y la prensa financiera internacional hicieron todo lo posible por desacreditar al gobierno reformista de centro-izquierda. Sus esfuerzos fueron en vano. Los votantes prefirieron al régimen social-liberal “inclusivo” que practica una política exterior independiente antes que a una oposición integrada en las políticas socialmente regresivas desacreditadas del régimen de Cardoso (1994-2002). Durante la campaña electoral previa a estas últimas elecciones, los especuladores financieros brasileños y estadounidenses intentaron crear temor en el electorado apostando en contra de la divisa brasileña (el real) y provocando una caída del mercado de valores. Pero no sirvió de nada. Roussef ganó con el 52% de los votos.

Argentina

En Argentina, una revuelta popular masiva acabó con el régimen neoliberal apoyado por EE.UU. del presidente De la Rua en 2001. A continuación, en 2003, el electorado se decantó por el gobierno de centro-izquierda de Kirchner frente al candidato derechista apoyado por Estados Unidos, Menem. Kirchner desarrolló un programa reformista imponiendo una moratoria sobre la deuda externa y combinando un alto crecimiento económico con importantes gastos sociales y una política exterior independiente. La oposición de Estados Unidos aumentó con la elección de su esposa Cristina Fernández. Las élites financieras, Wall Street y los tribunales y el Tesoro de EE.UU. intervinieron para desestabilizar al gobierno, tras fracasar en la reelección de Fernández. Las presiones financieras extraparlamentarias se han unido al apoyo económico y político a los políticos derechistas en preparación para las elecciones de 2015.

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